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Ifá es la expresión de la concentración de los conocimientos, la filosofía para la vida tanto en términos espirituales como materiales del pueblo yoruba (Ibidem). La palabra Ifá también hace referencia a “el Dios de la adivinación”,así como a un complejo dinamismo de adoración religiosa en el que intervienen ceremonias, sacrificios, prohibiciones, parafernalias, tambores y cantos, parecidos al de las otras divinidades yorubas. De acuerdo con Bascom, dos de las más antiguas descripciones en el campo académico de Ifá datan de 1853 de los autores Tucker e Irving. El primero reseñó: Uno de los principales de estas deidades es Ifá, el dios de las nueces de palma, a quien se le atribuye el poder de curar, a quien ruegan y sacrifican sus sacerdotes en época de enfermedad y de epidemia".
Por su parte, Irving expresó: “Ifá el dios de los ikines o de la adivinación se dice que es superior al resto de las otras deidades del panteón yoruba” Igualmente, Bascom recoge que Bowen, en 1857, reportaba: “el último Orisha del cual he tenido noticias, el grande y honrado universalmente Ifá, el revelador de lo secreto y oculto, y guardián de los matrimonios y nacimiento de los niños. Este dios es consultado a través de dieciséis nueces de palma. El por qué son dieciséis no está definido, pero que dieciséis deidades fundaron o crearon a los yorubas, la palma de donde proceden las nueces tienen dieciséis ramas, cuya procedencia de este tipo de palma viene del Monte Ado, que es la residencia del jefe de los sacerdotes de Ifá. El culto de Ifá es secreto y misterioso, y solamente los hombres son iniciados” Continúa Bascom citando autores, pero esta vez a Burton, 1963: “los sacerdotes de
Ifá se conocen por el color de las cuentas de los collares que constan de dos cordeles entrelazados, uno de color amarillo pálido parecido al color “tan”, y el otro verde y como adorno al frente que llega a la altura del pecho, blanco y verde” De la misma manera, Baudin, 1985, en Bascom: “Ifá es el más venerado de los dioses, su oráculo es el más consultado y sus numerosos sacerdotes forman el mayor y primer orden sacerdotal” Los adivinos de Ifá son comúnmente llamados babalawo, “Padre de los secretos” (Baba-li-Awo) o simplemente Awo, que quiere decir poseedor del secreto y del misterio. Ellos deben ser distinguidos de los servidores de Ifá (Awo-faka) que son hombres iniciados dentro de los conocimientos de Ifá para cuando lleguen a ser babalawos. Así también se denominan a las mujeres que han sido iniciadas (Kofa) y pueden cuidar en algunos casos las cosas concernientes a Ifá, el Ifá de su padre o de su esposo y ayudarlos en ciertos menesteres. El Awo debe conocer también el sistema de los Orishas y los rezos y ceremonias para tener un conocimiento comprobable de ambas tendencias que a pesar de que van juntas tienen elementos diferentes (Op. Cit. En este sentido, Ifá hace referencia tanto al complejo sistema de expresión religiosa del pueblo yoruba, como a la divinidad de la sabiduría que lo encarna o lo representa a través de los instrumentos de adivinación, conocido como Orula u Orunmila. De acuerdo con De Souza Hernández (Op. Cit.), el nombre Orunmila tiene el significado de las partículas que lo componen, es decir: Orun: el cielo; Ami: signo, indicación, presagio; y La: aparece como el Sol. Por lo tanto, el significado aproximado sería: del Cielo el presagio aparece como el Sol. Orula, como comúnmente se le ha conocido en América, probablemente debido a que al pronunciar rápidamente la palabra Orunmila en yoruba tiene el sonido “Orula” en español, es el vocero de Ifá, es quien comunica su verdad.
De acuerdo con la teología yoruba, Orula recibió de Dios, Olodumare, la autoridad por encima de todas las demás divinidades, pero no admitió que lo llamaran Ibikeji Olodumare, segundo en rango después de Dios, sino Elerii ikpin, “aquel que fue testigo de nuestros destinos”. De esta manera, Orula es el portavoz e intérprete de Ifá, quien hace posible en el Cielo y en la Tierra la relación entre Ifá, el ser humano, el resto de las deidades y Dios, y por eso es conocido como la divinidad de la sabiduría. La Teología yoruba enseña que al principio de las cosas cuando Dios se propuso crear el mundo y la existencia de otros seres, al tener este propósito en su voluntad, dio vida a tres elementos que servirían como fuerza intermediaria entre Él y su creación. Estos elementos eran: Ogbon (Sabiduría), Imo (Conocimiento) y Oye (comprensión), quienes debían ubicar un lugar en el cual vivir, pero pasado el tiempo regresaron porque no encontraron sitio en el cual habitar. No teniendo donde estar, volvieron al interior de Dios quien después de un tiempo incalculable decidió librarse de ellos porque producían un zumbido incesante en su interior. Entonces volvió a ordenarles que descendieran nuevamente, y esta vez, después de pasar un tiempo suspendidos sin tener en donde habitar, cayeron en el suelo y al romperse hicieron el primer sonido: La. Este primer sonido fue la primera fuente reconocida de comunicación: la sabiduría, la comprensión y el conocimiento en todas sus formas verbales y visuales. Estos elementos con el tiempo, consolidaron la primera creación de Olodumare, la primera energía: Considerada como anterior a Orula, Elá es: a) la primera creación de Dios; b) la Sabiduría, la Comprensión y el Conocimiento de Dios; c) el principio espiritual legado por Dios al resto de sus creaciones. En este sentido, Elá, es la energía de Dios que se expresa mediante Ifá. Orula, u Orunmila es el intérprete único de esta expresión, y es quién la hace llegar a los seres humanos mediante una serie de figuras, signos o también denominados Odu. El convenio original entre el Ser Humano y Dios En el centro de la teología de Ifá se encuentra la idea de que cada persona elige un destino para vivir en este mundo. De acuerdo con la tradición, cuando un niño nace, el viaje por el conducto uterino hace que olvide los detalles de su destino escogido.
El propósito de la iniciación en Ifá es un esfuerzo para volver a despertar la memoria del convenio original entre el Ser y la Creación. La idea del destino en la Teología de Ifá está basada en el acuerdo entre el Ser y El Creador. Este acuerdo es olvidado en el momento del nacimiento y es mediante un proceso de alineamiento personal con el destino que cada quien recordará el contenido de ese acuerdo. Este acuerdo es guiado por las fuerzas de Olodumare, Elá y Obatalá, otro orisha yoruba, al descender el poder espiritual de la creación desde el Reino Invisible de los Antepasados a la Tierra. Según la tradición oral y la escrita de Ifá, el contenido de cada acuerdo es registrado por Orula a quien por esa razón se refieren como Elerii Ikpin, o Testigo del Destino. Al respecto, Natalia Bolívar (1995) expresa refiriéndose a este momento: “que escoge su destino en el cielo en presencia de Orula". No obstante, no se trata de una idea de destino fija e inalterable. La posibilidad de rememorar el acuerdo con Dios es una cuestión individual y voluntad personal. Este acuerdo establece líneas de destino dentro de las fronteras del potencial personal de un individuo. Estas líneas de destino pueden ser captadas o ignoradas, usadas o descartadas, basándose en los elementos de libre albedrío y libre elección. Sin embargo una vez que un destino en particular ha sido abrazado, los principios orientadores de los Odu o signos (el presagio de Ifá) tendrán un impacto claro e inalterable en el desenvolvimiento de esa elección. El destino en la teología yoruba es una categoría multidimensional. De esta manera el destino es pensado como la posibilidad que tiene el Ser de desarrollarse en un contexto determinado, mediante sus elecciones personales, y con ciertos aspectos inmutables en la vida. Los elementos del destino personal que cambian como resultado de las opciones que se tienen disponibles en el trascurso de la vida se conocen como Akunlegba. En un sentido, se tratan de opciones que limitan o expanden otras opciones. Se relaciona con lo que en Occidente se denomina libre albedrío, pero en aspectos vinculados con la potencialidad del Ser para alcanzar su destino (Ibidem).
La parte del destino individual que es creada por la elección individual de la persona se conoce en términos teológicos como Akunleyan. Una persona puede haber escogido un destino determinado, pero también puede escoger ignorarlo. De la misma manera, algunas elecciones personales pueden derivar en la dificultad o imposibilidad de realizar el destino escogido, debido a infortunios, o cambios profundos en la vida de la persona (Ibidem) Finalmente, los aspectos del destino que no pueden ser alterados se conocen con el nombre de Ayanmo. Un ejemplo de este aspecto sería el momento predeterminado de la muerte. Esta fecha difícilmente podrá ser extendida, aunque por medio de elecciones inadecuadas podría llegar prematuramente. “En términos muy simples, el concepto de àyànmó sugiere que cada persona tiene un rango de potencial en ciertas áreas dadas que no puede ser extendido más allá de un cierto punto”
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